mi
musa es ingenua, no existe y jamás existió más que en el largo vacío de la noche donde los pesares no vienen a la mente
en forma de lamento sino en el silencio de la eterna soledad, un espacio ante
el tiempo, la humanidad o la presencia única de la mente libre, el cielo y la
montaña de la lucha y la constancia son la perfección de la vida y lo que llena
el alma de luz puede ser tan solo un sonido que revive el más triste de los
corazones en vida y los recuerdos serán los impulsos que llevaran hasta la
meta. Una gaviota vuela y es notorio que estas por encima, oh montaña de los sueños, montaña del poder,
ante la cima el temor del precipicio, da vueltas en el viento y estira tu brazo
al cielo amada bailarina de cristal mientras solo la punta de tu zapatilla toca
la superficie terrenal, preciado silencio, en ti hemos de vivir y se te
atribuye el ‘‘siempre’’. Aquella casa ha quedado atrás, las noches de llanto
ante las estrellas quizás vuelvan y algo me ha atado a aquel paraíso, lee
frente a un piano que brilla en los sonidos del amor y respira al meditar, el
sentido lógico del camino lo dará el
alma y el resplandor de esta como cada mañana al cruzar ante la esquina del
sol. Al cerrar los ojos he llegado a la casa del lago y los tacones chinos pero
no era allí donde pertenecía, he ido entonces a la playa de la mano con la dama
del lazo y la sonrisa al bailar, esto ha de ser la felicidad, paz de la luz y
la oscuridad de una noche de primavera, el vivir del segundo y la sonrisa de la
vida, cantad que el mundo baila y el alma renace al encontrar la paz del ser
con el universo y el brillar de cada lucero os dirá que podéis continuar el
camino mientras el viento roza las hojas de los grandes árboles que marcan el
inicio y el fin de cada aventura emprendida.
