lunes, 20 de mayo de 2013

La dama del lazo



mi musa es ingenua, no existe y jamás existió más que en el largo vacío de la  noche donde los pesares no vienen a la mente en forma de lamento sino en el silencio de la eterna soledad, un espacio ante el tiempo, la humanidad o la presencia única de la mente libre, el cielo y la montaña de la lucha y la constancia son la perfección de la vida y lo que llena el alma de luz puede ser tan solo un sonido que revive el más triste de los corazones en vida y los recuerdos serán los impulsos que llevaran hasta la meta. Una gaviota vuela y es notorio que estas por encima,  oh montaña de los sueños, montaña del poder, ante la cima el temor del precipicio, da vueltas en el viento y estira tu brazo al cielo amada bailarina de cristal mientras solo la punta de tu zapatilla toca la superficie terrenal, preciado silencio, en ti hemos de vivir y se te atribuye el ‘‘siempre’’. Aquella casa ha quedado atrás, las noches de llanto ante las estrellas quizás vuelvan y algo me ha atado a aquel paraíso, lee frente a un piano que brilla en los sonidos del amor y respira al meditar, el sentido lógico del camino  lo dará el alma y el resplandor de esta como cada mañana al cruzar ante la esquina del sol. Al cerrar los ojos he llegado a la casa del lago y los tacones chinos pero no era allí donde pertenecía, he ido entonces a la playa de la mano con la dama del lazo y la sonrisa al bailar, esto ha de ser la felicidad, paz de la luz y la oscuridad de una noche de primavera, el vivir del segundo y la sonrisa de la vida, cantad que el mundo baila y el alma renace al encontrar la paz del ser con el universo y el brillar de cada lucero os dirá que podéis continuar el camino mientras el viento roza las hojas de los grandes árboles que marcan el inicio y el fin de cada aventura emprendida.